Arquitectura militar
LAS MURALLAS
Paseo del adarve de la muralla
La actual muralla de Ciudad Rodrigo tiene dos importantes fases de construcción. La cerca más antigua, la que hoy se ve en el interior de la ciudad, data de la segunda mitad del siglo XII. Fue mandada construir por Fernando II de León durante la repoblación. La muralla se cerraba con la catedral-fortaleza en el siglo XII y, posteriormente, también por el castillo de Enrique II que cerró la muralla en el siglo XIV.
Tras la guerra con Portugal de 1641, se levantó una cerca en el exterior, que llegaría hasta el convento de las Clarisas, hoy extramuros. Este nuevo muro desapareció a comienzos del siglo XVIII, cuando tras finalizar la Guerra de Sucesión se decidió actualizar la muralla medieval para adaptarla a la nueva artillería, rebajando la altura y quitando las almenas y merlones y se crearon las cañoneras, se construyeron los fosos, garitas, baluartes y revellines, dando lugar a la característica forma estrellada de Ciudad Rodrigo, siguiendo el modelo del sistema abaluartado moderno del ingeniero francés Vauban.
Para entrar a la ciudad llegaron a abrirse nueve accesos entre puertas y postigos, tres orientadas a poniente y dos en cada uno de los restantes puntos cardinales. Hoy día solo quedan seis. Su nombre y forma fueron cambiando según las necesidades y las épocas: (desde el Castillo) Puerta de la Colada, Puerta de Sancti-Spiritus, Amayuelas, la Puerta del Conde, Puerta del Sol y Puerta de Santiago.
Las puertas se cerraban durante la noche y cerca de cada puerta existía un cuerpo de guardia para albergar a los soldados que se turnaban en la vigilancia. Los cuerpos de guardia que funcionaban en 1710 estuvieron en las inmediaciones de las puertas de la Colada, del Conde, de Santiago, del Sol, del Alcázar y de la hoy tapiada puerta del Rey. Solo han llegado dos de estas construcciones hasta nuestros días, siendo visitable el de la Puerta del Conde, que acoge el Centro de Interpretación de Fortificaciones.
EL ALCÁZAR
Castillo de Enrique II de Trastámara
Fue levantado por Enrique II de Trastámara en el siglo XIV, tras la guerra civil con su hermano Pedro I el Cruel (por quién había tomado partido Ciudad Rodrigo) en la parte más alta y escarpada de la ciudad, defendiendo el costado del río que hace la función de muralla natural. En medio del recinto fortificado, rematado con merlones, destaca la torre del homenaje, compuesta por dos cuerpos cúbicos, más pequeño y moderno el superior.
Fue museo y hotel en los años 20 del pasado siglo, por iniciativa del “Buen Alcalde”, Manuel Sánchez Arjona. Desde el año 1931 es Parador Nacional, siendo por tanto uno de los más antiguos de España.
PUERTA DE LA MURALLA
Puerta de Amayuelas
En su origen era un pequeño postigo, que desde el siglo XIV se conocía como “de Santa María” por su cercanía a la catedral y que hoy se conoce como Puerta de Amayuelas por el palacio que se levantaba a su lado, el de los condes de Amayuelas.
Este acceso abierto en el centro del lienzo norte de la muralla, estuvo protegido por una torre de flanqueo que desapareció en 1812, pues en esta zona estuvo en el centro de los combates entre las tropas francesas, que defendían la plaza, y las inglesas, que intentaban entrar, logrando finalmente abrir la muralla, lo que se conoce como la “brecha pequeña”, en cuyas inmediaciones murió el general Robert Craufurd.
En 1954 se amplió abriendo un gran arco junto a ella, convirtiéndose en el acceso más amplio a la ciudad y recibiendo el nombre de “Puerta Nueva”, facilitando la circulación de los transportes de los nuevos tiempos.
PUERTA DE LA MURALLA
Puerta de la Colada
Esta puerta fue restaurada en los años 90 del pasado siglo, recibió también los nombres de Puerta de San Blas o Puerta de Águeda, haciendo referencia al río, para el que es el acceso más directo desde la ciudad, sobre todo si se quiere cruzar el puente. La confluencia en este punto de las aguas de la ciudad en su bajada natural hacia el río es posiblemente el origen de su nombre actual, puesto que las aguas “colaban” hacia fuera de las murallas. Pero otros sostienen que su nombre proviene de los pasos de ganado llamados “coladas”, teniendo en cuenta que esta era la zona más cómoda para su acceso a la ciudad.
Bien protegida por el castillo, mantiene su aspecto medieval hacia el exterior, con los cigoñales o flechas que dejaban espacio al mecanismo del puente levadizo. Por la parte interior, llaman la atención cinco pares de contrafuertes que estarían destinados a contener casernas proyectadas en la segunda década del siglo XVII por el conde Carlos de Robellín, ingeniero y militar francés a las órdenes de Felipe V.
PUERTA DE LA MURALLA
Puerta de Santa Cruz o de Sancti-Spiritus
Parece que este acceso fue abierto en el siglo XVI como un pequeño postigo que era llamado “de San Vicente” por la cercanía esa parroquia ya desaparecida. Tiempo después fue ampliada para dejar paso a las carretas y en el siglo XVII empezó a conocerse como puerta de Santa Cruz por conducir al convento de agustinas del mismo nombre. Cuando en1711 se instalaron en sus inmediaciones el convento femenino de Sancti-Spiritus tomó este nombre. De construcción sencilla, destaca la bóveda de medio cañón hecha en ladrillo.
PUERTA DE LA MURALLA
Puerta del Conde
Abierta en el lienzo norte de la muralla, sobre ella se levantaba una de las torres de defensa, y durante varios siglos su acceso con bóveda de cañón fue el más amplio y alto de la muralla, siendo la conexión principal con el Arrabal de San Francisco. Su nombre recuerda al Conde Rodrigo a quien se encargó la repoblación de la ciudad inicialmente. Sobre la clave del arco hacia el interior se abre una hornacina que acoge una imagen de la Virgen con el Niño de estilo románico. En el exterior, a un lado y a otro de la puerta y pegados a las murallas estuvieron en el siglo XVII, la alhóndiga y el peso de la harina.
PUERTA DE LA MURALLA
Puerta del Rey
y la "Brecha"
La Puerta del Rey, tapiada en la actualidad, se hallaba frente a la catedral donde hoy se levanta el monumento a Julián Sánchez el Charro, obra de José Luis Núñez Solé, donde reposan sus restos.
Esta zona de la muralla sufrió mucho durante las guerras, siendo el lugar por el que las tropas enemigas entraron en la ciudad, tanto en la Guerra de Sucesión como en la de Independencia, por lo que esta zona de la muralla se conoce como “la Brecha”. La Guerra de Independencia acabó con la torre que protegía esta puerta, así como con las numerosas casas de piedra de sillería que ocupaban la explanada de la que hoy constituye la Plaza de Herrasti, en medio de la cual se levanta desde 1836 un monumento en homenaje a este general y a los héroes de la Independencia.
PUERTA DE LA MURALLA
Puerta de Santiago
Ubicada en el lado sur de la ciudad recibe su nombre actual de una antigua parroquia de extramuros dedicada al apóstol y que hoy ya no existe. Sin embargo, durante el siglo XIV se conocía como Puerta de los Judíos, porque al lado se encontraba la sinagoga. La restauración que se realizó en 2002 descubrió antiguos fosos y barbacanas, que han quedado dibujados en el pavimento, y se dejó al descubierto uno de los fosos que la protegía y cuya presencia se puede intuir por los cigoñales para el puente levadizo que conserva en la fachada.
PUERTA DE LA MURALLA
Puerta del Sol
Recibe su nombre de su orientación, completamente hacia levante, como muchas otras de la geografía española. En su fachada exterior se ve claramente el uso de sillares en su mitad inferior y de cal y canto reforzado con ladrillo en las esquinas en su mitad inferior. El acceso está cubierto con una bóveda de cañón a su vez cobijada por un doble arco apuntado. Es una de las puertas que tuvo torre en origen. Sus bóvedas se reedificaron en el siglo XVIII y tras un periodo en que permaneció cerrada se reabrió de nuevo tras ser intervenida en durante el reinado de Isabel II, como se dejó indicado en una placa: “Del poniente hasta el ocaso, mandó abrir Isabel este paso”.
Por su altura y localización, desde la Puerta del Sol se hacían señales visuales al Ayuntamiento indicándole que ya se encontraban los toros corriendo durante los encierros del Carnaval del Toro para que éste tocase la campana (tradición que se conserva), avisando así a la población. Una costumbre que es posible que esté vinculada con los antiguos toques de arrebato.
Es una puerta que ha sufrido muchos cambios a lo largo de su historia. Su última restauración data de 1970, afectando especialmente la cara exterior.